He conocido a muchos atletas exitosos.
He conocido también a atletas con logros notables.
Y he conocido a otros a quienes el éxito se les escurrió entre los dedos, como la arena de la playa en la infancia.
En estas fechas de felicitaciones y buenos deseos, todos tendemos a mirar atrás. Recordamos lo que un día fue: nuestra familia, nuestra vida, nuestras expectativas, nuestros sueños de futuro. La Navidad tiene la capacidad silenciosa de abrir cajones de la memoria que durante el año permanecen cerrados.
A veces, nuestra mente apuesta fuerte por extraer patrones y sobrerrepresentar momentos aislados. Y el problema no es que los recuerde —dejando en el ánimo un suave aroma de nostalgia—, sino que a veces nos tortura, poniendo el foco en aquello que parece que antes estaba y ahora ya no.
Pero esa impresión es solo eso: una impresión. La psicología muestra con claridad que tendemos a magnificar los recuerdos y a convertir en costumbre aquello que quizá ocurrió una o dos veces. También solemos fijarnos más en el contexto que rodeó un éxito que en el proceso real que lo hizo posible.
En el deporte sucede algo muy parecido. He visto a muchos atletas atribuir una gran temporada a parámetros erróneos, simplemente porque ciertos elementos del entorno parecían haber tenido relación con el resultado. Al mismo tiempo, su mente transformó eventos aislados en supuestos hábitos que nunca llegaron a serlo.
La consecuencia no es menor: deportistas persiguiendo escenarios, rutinas o rituales que poco o nada tuvieron que ver con su éxito, intentando repetir fórmulas que solo existieron en el recuerdo.
Atleta, en esta Navidad y al comenzar un nuevo año, mi deseo no es solo que vuelvas a rendir de forma óptima, sino que hagas un buen diagnóstico de tus aciertos pasados: que distingas el contexto del proceso, lo circunstancial de lo reproducible, lo emocional de lo esencial. Si la necesitas, busca ayuda para este análisis, no caigas en un misticismo que no te llevará a nada.
Ahí —y no en la nostalgia— suele estar el verdadero camino de vuelta.
¡Feliz Navidad!


