Ya llevo una semana en China, en mi provincia de acogida: Guizhou, donde pasaré tres semanas más. Como siempre, solo puedo estar agradecido por la forma en que aquí se me trata.
Los días aquí, entre entrenamientos y silencios, dejan espacio para pensar. Por eso muchas de las ideas que escribo suelen nacer en este lado del mundo. Además, estoy convencido de que la drástica —casi total— reducción de carbohidratos y alimentos ultraprocesados (aunque tampoco soy muy dado a ellos en casa) ayuda a una mente más ligera, más despierta.
Cuando se habla de alto rendimiento, la mayoría tiende a definirlo por lo que el atleta hace mientras entrena: cuánto trabaja, cuántas horas mete, cuántas calorías gasta, qué mentalidad ganadora tiene…
Pero yo prefiero mirar al atleta cuando no entrena. Es decir, a la persona que vive entre entrenamientos. Porque creo que ahí se esconde una parte más profunda del rendimiento, tanto deportivo como humano.
El verdadero deportista de alto rendimiento no lo es solo porque entrene mucho o bien y quiera rendir en competición, sino porque toda su vida gira en torno al entrenamiento y la competición. Su tiempo libre no es exactamente libre. Es un espacio para cuidarse, para prepararse, para afilar el cuerpo y la mente de cara a lo siguiente. El descanso no es evasión; es parte del plan.
Muchas veces confundimos el alto rendimiento con hacer muchas cosas, o con hacerlo todo con intensidad. Pero creo que el núcleo está en otra parte: el alto rendimiento nace cuando todo lo demás se organiza al servicio de rendir bien en el momento clave. Esa es la diferencia.
No, los atletas de alto nivel no lo son porque “hacen más” que un trabajador promedio —una comparación que escucho con cierta frecuencia por parte de quienes no conocen este oficio (y les falta capacidad de comprensión)—. Lo son porque el resto de su vida está diseñada, casi estratégicamente, para dar lo mejor cuando importa.
Por eso pienso que también existen personas de alto rendimiento, incluso fuera del deporte. No porque estén ocupadas todo el tiempo, sino porque su vida entera se ordena en torno a hacer bien lo que tienen que hacer. Personas que se comprometen con cada acción, no desde la ansiedad, sino desde el deseo profundo de que su próxima decisión, su próximo gesto, esté a la altura.
Desde aquí, saludo a todas esas personas que han decidido comprometer su “yo” con lo que quieren hacer mejor.


